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Historias de las Hermanas
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Hermana Francesca KearnsHermana Francesca Kearns

REFLEXION SOBRE UN MINISTERIO EN ÁFRICA

Hermana Francesca Kearns recientemente fue transferida de su ministerio de Animadora de Vocaciones de nuestra Congregación en Kenya. En la siguiente entrevista, ella reflexiona sobre sus experiencias con el pueblo, cultura y espiritualidad de África.

P:        ¿Cuánto tiempo estuvo en África?

R:         Estuve en ministerio en Kenya, África Oriental, por nueve años. Al principio trabajé primordialmente con familias y con los jóvenes. Mi trabajo con los jóvenes me llevó al ministerio de vocaciones, que ha sido mi ministerio a tiempo completo por los últimos seis años.

 
¿Cómo describiría a la gente?

La gente de Kenya es muy valiente y muy hospitalaria. También tienen creencias religiosas muy profundas. Algunos no son católicos ni tampoco cristianos, pero tienen un sentido profundo que Dios nos ha dado la vida y que la vida es un don. En términos de aceptar la vida religiosa, las fuertes creencias religiosas de la familia pueden inspirarlos con el sentido de que están ofreciendo un hijo en acción de gracias a Dios por el don de la vida. Una vez conocí a una señora musulmana que tenía un hijo que servía en la mezquita local y otro que era sacerdote católico. Ella dijo que lo importante era que los dos servían al Hombre de las alturas.

 
¿Cómo se contactó
con las familias de Kenya?

Parte de mi trabajo era visitar las familias de las jóvenes que estaban considerando la vida religiosa en nuestra Congregación. Es como la costumbre tradicional de visitar la familia del futuro yerno o nuera. Es muy importante hacerlo para tener buena comunicación, y clarificar las expectativas.

La vida en Kenya es más orientada a la familia que en nuestra individualista cultura occidental. Cuando una persona hace una decisión en la vida, se ve como que influencia a la familia. La familia también toma una parte activa en ayudar a la joven a hacer una buena decisión. Muchas veces durante la visita a la familia, los abuelos también están presentes y frecuentemente un representante de la pequeña comunidad cristiana. Las familias me mostraban fotografías y yo compartía una copia de El Verbo Entre Nosotros con ellos. A ellos les interesa mucho cuando hay artículos sobre Kenya o se muestran fotografías de nuestras Hermanas de Kenya.

 
¿Hay interés en la vida religiosa entre las mujeres en Kenya?

Hay un número creciente de mujeres jóvenes en Kenya que están interesadas en la vida religiosa. Lo que es increíble es que solo han pasado como 100 años desde que los primeros misioneros fueron a África. Ya que la gente de Kenya es muy religiosa, ellos aceptaron la Palabra muy seriamente. Como en América latina, la parroquia funciona por medio de pequeñas comunidades cristiana. Entonces, cuando la persona entra al seminario o a la vida religiosa la comunidad se involucra. Esto significa que otros jóvenes están enterados de los que están tomando el riesgo de entrar al servicio de la iglesia a tiempo completo y quizás se inspiren a hacer lo mismo. Digo riesgo, porque tener hijos es un valor muy importante, y es un gran sacrificio renunciar al privilegio de que otros tengan vida. Pero muchos de los candidato s tienen la experiencia de cómo los misioneros pasaron sus vidas dando vida a sus parroquias y ahora ellos quieren hacer lo mismo.

Las buenas noticias son que varias congregaciones tienen ahora integrantes de Kenya como misioneros en otros países, tales como Colombia, Irlanda y en algunos otros países que son tradicionalmente católicos pero que ahora tienen pocas vocaciones locales. Los misioneros de Nigeria y Kenya están haciendo su contribución a esos países que los ayudaron en su evangelización inicial.

 
 ¿Dónde está el noviciado?

El noviciado se encuentra en Karen, Nairobi y se llama Santa Bakhita. El nuevo edificio fue dedicado el 23 de octubre, 2003 y fue nombrado en honor de una nueva Santa. La historia de Santa Bakhita es bella, triste, pero llena de inspiración. Hasta donde conocemos Josephine Bakhita fue secuestrada y hecha esclava a la edad de ocho años y sufrió una vida de extremo dolor, persecución y trabajo extenuante. De sus memorias se interpreta que nació en lo que ahora es Sudán. Trabajó como esclava en África y luego tuvo la suerte de ser vendida a una familia italiana. La familia italiana reconoció su derecho a la libertad. Ella se fue con la familia a Italia donde conoció a las Hermanas Canonesas. Las personas para las que trabajaba regresaron a Sudán, pero ella escogió quedarse con las hermanas. Fue bautizada y después se unió a las hermanas. En el sufrimiento de Cristo, ella encontró consuelo y aceptación por el gran sufrimiento que tuvo cuando niña, particularmente cuando fue esclava. Su historia es muy hermosa y el video de su vida es uno de los favoritos entre nuestras candidatas.

 
¿Ha visitado Sudán?

Aunque nunca he estado allí, me identifico mucho con Sudán. Las historias que cuentan los misioneros que trabajan allá, me recuerdan a El Salvador durante la guerra civil. Una de mis grandes esperanzas es que algún día no muy lejano tendremos un ministerio en Sudán. Hay un retrato de Santa Bakhita en la entrada del noviciado: siempre la saludo y digo, "Santa Bakhita, por favor envíanos a Sudán."

Ustedes también tienen ministerios en Centro América; pero cuando usted entró a la Congregación, no había ministerios en Centro América o en Kenya. ¿Cuándo sintió su primer llamado a trabajo misionero?

Quería ser misionera antes de querer ser Hermana. No me inclinaba específicamente por África o Centro América. Más bien me atraía la China. Por alguna razón, la China siempre me ha intrigado. Estoy muy agradecida por los cortos periodos que he podido hacer ministerio allá.


 ¿Todavía hay jóvenes que sienten el llamado?

Hoy en día hay muchas jóvenes en África que están interesadas en la vida religiosa. Creo que es por el sufrimiento de su pueblo. También ven que la iglesia se ha preocupada y ha tomado la iniciativa en establecer hospitales y escuelas. Por ejemplo, la Iglesia Católica organiza los mejores programas para cuidar a pacientes con SIDA. Los religiosos han sido muy creativos en encontrar diferentes formas de responder a los problemas del SIDA. Prácticamente son los únicos que tienen buenos programas educativos sobre la prevención. Estos ministerios inspiran a los jóvenes a servir a su pueblo de la misma manera.


¿Cuál fue su enfoque para las vocaciones?

Yo siempre trabajo desde la base de la vocación cristiana. Visité muchas escuelas secundarias y terciarias promoviendo la idea de vida como u n don y la necesidad de hacer buenas decisiones. Desarrollamos un panfleto sobre cómo al hacer decisiones sabias sobre el estudio y sexualidad las personas se liberan del SIDA, las drogas, y otros problemas. Animamos a los jóvenes a tener buenos amigos, a rezar y a tomar el tiempo para hacer buenas decisiones en sus vidas. Muchos de los estudiantes no tienen la oportunidad para guías y consejos por eso son muy receptivos a nuestros programas.

Aunque íbamos a las escuelas a trabajar con estudiantes católicos, muchos de los estudiantes, incluyendo a musulmanes, querían participar. De estos grupos grandes sacábamos grupos más pequeños con seguimiento mensual sobre vocaciones. Llamábamos a estos grupos Buscadores de Vocaciones, Trabajamos con las lecturas de las Escrituras, por ejemplo Lucas 3: 22 enfocándonos en que ellos son los hijos amados de Dios y que Dios los ha escogido para expresar su amor por el mundo de una forma única. Siempre quise que ellos estén entusiasmados en el hecho de que cada uno tiene una vocación o una misión especial en la vida. Dios los escogió a ellos para esa misión.

Sentíamos que este sentido de dignidad en la vida les daba una Fundación positiva desde la cual podrían reflexionar sobre la vocación cristiana. Cuando ya habíamos desarrollado una base para la vocación cristiana, íbamos con un grupo más pequeño de estudiantes para explorar vocaciones religiosas en general y vocación CCVI con aquellas que se sentían atraídas a servir con nosotras. Yo iba en círculos y el círculo más grande era la evangelización y el segundo círculo era la vocación cristiana y luego el círculo más pequeño era la vocación religiosa y el círculo central era la vocación religiosa como miembro de nuestra Congregación. Teníamos grupos diversos en nuestros seminarios de vocaciones en los que trabajamos con los Hermanos Franciscanos que tienen su residencia junto a nosotras en Molo, así como con las Hermanas Misioneras del Santo Rosario.

Trabajamos duro para da r a los participantes una buena Fundación en oración, vida cristiana y los Sacramento, así como discernir sobre la vocación. Nuestros seminarios promueven la participación y toma de decisiones de los estudiantes. Usualmente teníamos de 50 a 70 participantes de las tres congregaciones.

Los jóvenes estaban contentos de tener la oportunidad de estudiar, reflexionar y rezar. Después de estos seminarios los estudiantes toman decisiones sobre vocaciones al matrimonio, vida religiosa y sacerdocio. Algunas de estas estudiantes se convirtieron en afiliadas y luego trabajamos con ellas más específicamente en la preparación para la vida religiosa. Algunas personas, viendo al Evangelio, ven las vocaciones como un mandamiento, llamado o atracción. Yo lo veo mayormente como una atracción.

 
Manejar en un país extraño ha debido ser peligroso. ¿Tenía miedo de perder su vida?

Siempre he creído que de alguna manera mi vocación está atada a la aventura. Me gusta la aventura. Cada ministerio que he tenido en los últimos 40 años ha requerido que viaje en un terreno inexplorado. Cuando estaba en ministerio en Houston, trabajaba con 50 escuela católicas entre Houston y Galveston; siempre llegaba a destino preguntando. En Centro América, trabajé en salud comunitaria, que incluía 21 parroquias en la diócesis rural de Huehuetenango. Algunas de las aldeas tenían senderos por los que se podía pasar sólo con animales o en bicicleta. Disfrutaba el reto de montar una motocicleta por los Cuchumatanes con sus vistas espectaculares. La mayoría de las veces me perdía, pero la gente siempre me ayudaba. La mitad del tiempo apenas entendía el idioma. Incluso cuando ya entendía bien el español, muchas de las áreas rurales usan un idioma indígena. Sin embargo, es una experiencia muy saludable para un misionero darse cuenta de que solo se le entiende la mitad del tiempo. Así que la pregunta para mí sería ¿cómo podría hacer ministerio sin la aventura de un terreno desconocido?

Cuando recién llegué a Kenya, la mayoría de las veces no sabía a dónde iba y eso me daba miedo. Una vez más, de aldea a aldea hay diferentes idiomas. Teníamos un matatus, que literalmente significa un vehículo para más de 3 personas. Es un autobús pequeño, usualmente una camioneta Nissan. Cuando me perdía, le preguntaba al chofer del matatus cómo llegar a mi destino. Siempre me daban ayuda y buena información. Ellos tenían un buen sentido del humor. En estas situaciones de estar perdida he descubierto gente muy buena.


¿Así que manejaba para visitar a la gente?

Usualmente cerca de las Navidades, separaba dos semanas para las visitas a casas. Visitaba a la familia antes de que la joven entrara al programa de afiliadas. Escogía este tiempo porque no teníamos programas y la gente mayormente se encuentra en casa. Realmente disfrutaba compartiendo con las familias. La mayoría de ellas están en casa durante esta estación. Hay tiempo para visitar, y disfrutar de una celebración familiar. Cuando nuestras novicias o hermanas junioras están con sus familias, ellas a veces iban conmigo a las visitas. De esta manera, la familia conoce a varias Hermanas de la Congregación. Le da mucho valor a la candidata el conocer a alguien de su propia área que ya es de nuestra Congregación.


¿Cómo se acostumbró al cambio en su dieta?

Me encanta la comida de Kenya. Tenemos un plato típico en el área de Kikuyo que se llama giterie irio. Me encanta el té con leche, al que llaman chai. Muchas de las familias sabían que me gustaba el chai así que siempre tenían un termo de chai listo para mí cuando llegaba. Eran muy amables al recordar lo que me gustaba y lo que no me gustaba. También tienen algo similar a la tortilla; es como un panqueque, pero no es dulce, le llaman chapate. Es delicioso como acompañante de las comidas pero también se usa como postre. El cordero es muy común en el área en la que trabajábamos. En ocasiones especiales se sacrifica a una oveja o una cabra, pero normalmente se come pollo. Ya que me gustan los animales, yo no como carne.


¿Cómo le afectó la barrera del lenguaje?

Yo hablo kisuahilí, el idioma oficial es inglés, y es lo que hablaba cuando visitaba las escuelas. Pero cuando visitaba a las familias a veces usaba kisuahilí. La mayoría de los distritos tienen un tercer idioma, que se llama el idioma materno y varía de tribu a tribu. Fui a la escuela a aprender kisuahilí en Tanzania. El programa estaba dirigido por los misioneros Maryknoll. Ellos trataron de darnos una buena orientación a las nuevas situaciones con las que nos podríamos encontrar. No solamente aprendíamos el lenguaje sino que teníamos oradores sobre la cultura local.

La escuela de idiomas estaba en un área rural, y yo iba caminando y conociendo a la gente. Era una maravillosa oportunidad no solo de practicar el idioma sino de llegar a conocer a la gente en sus casas y de comprender sus costumbres.


En sus ministerios en Centro América y en África, ¿vio algunas similitudes con las tres Hermanas fundadoras de la Congregación?

La primera vez que fui a Centro América, acababa de leer el libro de Hermana Loyola, Sirviendo con Alegría, y encontré muchos paralelos. Creo que me identifiqué con las primeras Hermanas que llegaron a un país sin conocer el idioma. Recuerdo estar en Centro América, tratando de aprender una frase en caso de que me perdiera para poder saber qué decir. Acababa de llegar a México y quería avisarles a las Hermanas que había llegado bien. Saqué mi libro de frases y practiqué diciendo, " ¿dónde están los correos?" Me lo repetí a mi misma por toda la calle. Cuando llegué al lugar indicado, le pregunté a un policía con mi mal español, y él muy amablemente me respondió en inglés "Está volteando la esquina."

En los países en desarrollo las muchas necesidades demandan una respuesta inmediata. Hay muy pocas alternativas. Hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos. Creo que las situaciones de las primeras Hermanas son similares a lo que hoy todavía encontramos en situaciones misioneras. Estas situaciones no planeadas requieren iniciativa y flexibilidad. Una de las cosas que es difícil para nosotros y creo que fue para las primeras hermanas, es que al final del día uno siente que hay mucho más que hacer. Nuestras primeras hermanas eran sensibles al sufrimiento y respondieron con amor. Algunas veces ellas solo tenían dos pescados y cinco pedazos de pan para la multitud. Pero confiaban en Dios para el resto. Ellas aún nos retan a tomar grandes riesgos en tiempos de gran necesidad. En los países en desarrollo siempre hay tiempos de necesidad.


¿Nos podría contar sobre las necesidades que vio recientemente en Kenya?

Se dice que en Kenya cada persona esta afectada o infecta por el SIDA. En Kenya tratamos de ayudar por medio de la educación, consejería, cuidado médico, y cuidado temporal. Es ahí donde veo similitudes con las tres primeras Hermanas... llegando a un área no familiar y enfocándose en las necesidades de la gente.

Estamos en África, debido a nuestro compromiso con los pobres y enfermos. Quizás no siempre tenemos el mejor plan, pero tenemos el corazón para ver el sufrimiento y dejar que nuestros corazones nos digan lo que hay que hacer y dejar que nuestra cabeza nos guíe y nos ayuda a trabajar con otros.

Algunas veces el no saber el lenguaje tiene sus ventajas porque nos hace concientes de que necesitamos la ayuda y la perspectiva de la gente local. Puedo leer un mapa y ver las grandes ciudades, pero cuando llego a las aldeas, no hay mapa, y luego tengo que pedir la ayuda de la gente del lugar. Necesitamos dejar que la gente exprese cómo ellos creen que podemos suplir sus necesidades y ser generosas en compartir nuestra experiencia y recursos con ellos.

No es lo que podemos hacer por la gente; es lo que podemos hacer con la gente. Y creo que esto se relaciona con el ministerio de vocaciones. No es que hemos llegado y tenemos todas las respuestas o el personal, sino que necesitamos que la gente colabore con nosotras. Hay muchas necesidades... y no tenemos todo el personal ni tampoco todas las respuestas, entonces la situación crea la necesidad de que trabajemos en colaboración para suplir las necesidades de la gente como lo haría Jesús.


¿Tiene alguna historia muy especial que tocó su corazón?

Hay tantas historias. En mi trabajo en vocaciones, tuve la oportunidad de tratar con gente en el profundo nivel de sus sueños para sus vidas y cómo eso se cruza con el sueño de Dios para ellos. No hice trabajo de vocaciones específicamente para nuestra Congregación, sino para ayudar a las jóvenes a buscar el significado de sus vidas. Trabajar a este nivel es muy reconfortante.

Hay dos personas. Una es una joven llamada Elizabeth que vivía en un área muy distante llamada Kabernet. Cuando Elizabeth conoció a nuestra Congregación ella estaba enseñando pre-kinder. Ella quería terminar su entrenamiento antes de unirse al postulantado. Cuando tenía vacaciones de la escuela, inmediatamente iba a su entrenamiento. Así que ella o estaba enseñando o tomando entrenamiento. Su tenacidad y valentía es digna de elogio. Ya que su entrenamiento tomo lugar durante las épocas que teníamos seminarios, ella no pudo asistir a ellos. Ella siempre revisaba el resumen conmigo y pedía que le aclararan algo que no entendía. Dos otras jóvenes de esa región empezaron con Elizabeth, pero no continuaron. Esto significo que ella tenía que viajar gran distancia sola.

La segunda persona es una joven de Nigeria. Ella recibió nuestra dirección de un sacerdote que visitó a Hermana Michael. Y me escribió. Le dije que nuestra Congregación no estaba en su país pero que me gustaría tener correspondencia con ella y eventualmente coordinamos una entrevista. Ella era estudiante universitaria y su universidad tenía huelgas frecuentemente, y por eso ella no podía terminar su educación tan pronto como hubiera esperado. Continuamos nuestra correspondencia por cuatro años. Durante ese tiempo la visité una vez. La visité con su familia y en su escuela. Tan pronto como terminó la universidad me escribió preguntándome cuándo podría venir. Cuando la recibí en el aeropuerto ella estaba llorando. Era como encontrarse con alguien en un país extraño. Ella era de África Occidental y cruzó el continente para venir a una Congregación en un país que no conocía. Me conmovió su fe y su constancia. Yo comparto la historia de la Congregación con las candidatas, pero ellas son las que me muestran que el espíritu está todavía vivo. Estas dos jóvenes tuvieron el valor y la perseverancia de nuestras Hermanas fundadoras. Ambas candidatas ya están en el postulantado y espero que se conviertan en Hermanas fundadoras de una nueva misión en África.


¿Por qué las mujeres se hacen Hermanas?

Muchas veces cuando una joven me viene a ver, me dice que ha visto una promoción por la Congregación. Es interesante que el llamado del Obispo Claudio María Dubuis parece ser lo que resuena con las jóvenes africanas. Por ejemplo, los efectos del SIDA en África son tremendos y ellas ven la oportunidad de ayudar a aquellos que están sufriendo. Trabajamos con los enfermos, los huérfanos y los abandonados. Ellos son los más necesitados hoy. Muchas jóvenes reconocen que ellas tienen una mejor educación y salud que muchos. Cuando reflexionan en las bondades de Dios en sus vidas, ellas también piensan sobre cómo compartir esos dones con otros. En Kenya, se reconoce a Dios como la fuente de vida, y por eso se sienten inspiradas por este don que Dios les ha dado. Ellas vienen con una pregunta: "¿Cómo puedo retornar algo de las bondades en la vida que Dios me ha dado?" Estas mujeres se alegran e inspiran al compartir sus experiencias de Dios con otros por medio de la vida religiosa.

 

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